nuevo muro de la vergüenza

¿Nuevo muro de la vergüenza en Río de Janeiro?

Si vamos por la carretera que va desde el aeropuerto de Río de Janeiro a la famosísima playa de Copacabana podremos ver cómo el camino va en paralelo con uno de los barrios de más pobreza y conflictividad de la ciudad, Maré. Hablamos de 130.000 personas que viven en unas condiciones de vida ciertamente penosas y desagradables.

El maquillaje no oculta la dura realidad.

Este tipo de visión no haría ningún bien a la imagen de una ciudad que ha parecido renacer con motivo de los Juegos Olímpicos que terminarán el 21 de agosto de 2016. Las autoridades han tomado cartas en el asunto y ya que parece que no pueden hacer otra cosa con el barrio y su pobreza, lo más fácil es esconderla, todo detrás de una opaca barrera acústica que impida que se vea un barrio que desde luego impresiona negativamente cuando uno va en automóvil por allí.

En un mundo ideal, las autoridades se hubieran centrado no en poner una barrera acústica, habrían realizado unas obras de calado para poner agua corriente y sistema de alcantarillado, además de algún tipo de iniciativa para que las personas del barrio puedan tener algún futuro. Como decíamos, en un mundo ideal.

La realidad es que las autoridades brasileñas están más preocupadas por los oídos de la gente pobre y por la contaminación acústica que generan los coches al pasar por la autopista. Algo que es una excusa para tapar la imagen de degradación pobreza extrema en un país que ni en el reciente periodo de bonanza económica por el que pasó, logró solucionar el problema de la desigualdad social existente.

En Brasil podemos ver barrios de altas torres de apartamentos o chalets con jardines cuidados al lado de favelas hechas de basura, grandes avenidas al lado de caminos de tierra embarrados. Gente vestida a la última saliendo de un Mercedes al lado de mendigos o gente muy humilde, todo de una manera que a cualquier español le impresionaría.
Siguiendo con nuestro “nuevo muro de la vergüenza”, el cual impide que se vea la parte menos bonita que diría un político de la ciudad, podemos ver que se vuelven transparentes cuando la carretera pasa por el Campus de Maré, un nuevo complejo educativo de 40.000 metros cuadrados que se inauguró en febrero de este año y donde estudian 1.400 niños y adolescentes que pertenecen a los barrios más desfavorecidos de Río de Janeiro.

Desde luego que es digno de alabar que hagan ese complejo educativo, pero también lo sería que mostrasen igualmente lo que es realmente Maré o haber trabajado para que quedara tan decente como para que todo el mundo pudiera alabar de verdad la profunda renovación que se ha producido en el barrio.

La realidad es que Brasil ha repetido los errores de muchos países, entre ellos los de España, pero parece que incluso potenciándolos en un país que pensaba que no iba a dejar de crecer en décadas. No son pocos los medios que aluden a una nueva crisis en Brasil en cuanto que finalicen las Olimpiadas. Esto no solo no es descartable, sino que es bastante posible en un gobierno que a buen seguro tendrá que hacer algunos recortes.

Además de este muro, existen más formas para eliminar de los ojos, cuando no esconder, a los pobres ya que, sin ir más lejos, 11 líneas de autobuses van a modificar su ruta mientras que se celebren los JJOO, donde no pasarán cerca de las zonas más desfavorecidas y conflictivas de la ciudad.

Más de 77.200 personas han sido reubicadas desde que en octubre de 2009 se comunicase que la ciudad iba a albergar los Juegos Olímpicos de 2016 según los datos que el propio gobierno brasileño tiene.

Muchas familias que vivían en comunidades pequeñas que estaban construidas por ellos mismos en el barrio de Barra, en el cual está situada la villa olímpica han sido desahuciadas y trasladadas a viviendas de tipo público que están situadas a varios kilómetros al norte de la ciudad, alejadas de cualquier mirada de un turista extranjero que por esa zona dudemos que pase.

La excepción a todas estas reubicaciones podríamos decir que es Vila Autódromo, que parece resistir y donde 20 de las 600 familias que todavía allí residen, luchan por salvar sus infraviviendas. No es un lugar conflictivo, pero el ayuntamiento no quería que estuvieran.

Las chabolas que tienen afean a la Villa Olímpica y haría feo el paisaje que verían los atletas olímpicos desde sus residencias. Finalmente, el ayuntamiento de Río cedió y les ha permitido que se queden con la condición de que se pudieran derribar sus viviendas y puedan construirse unas nuevas más bonitas. Todo vale para que la comunidad internacional no vea la imagen pobre de parte de la ciudad brasileña.

Es realmente triste que se preocupe el ayuntamiento de Río y el gobierno brasileño sñolo por esta imagen cuando se producen unos JJOO. Lo triste no es que durante un verano la comunidad internacional pudiera ver la cara “B” del Brasil de ensueño, lamentable es que se permita eso en un país que se ha gastado tanto dinero y que no ha sabido subir al tren del progreso a una buena parte del pueblo.

Las obras colosales en el país y que bien nos recuerdan lo que pasó aquí, no son la solución, como tampoco los son estos muros de la vergüenza. El esfuerzo de la administración debió ser aprovechar los juegos para que de verdad mejorasen las condiciones de los barrios de Río.

A pesar de todo, los turistas, que leen y no son tontos, van a saber de una u otra forma que el sueño de Brasil no ha terminado como pesadilla, pero desde luego que no cómo se pensaba. Como se puede constatar el mundo inmobiliario en algunas cosas parece no entender las lecciones que la historia nos ha dado desde hace mucho.

Lo peor no es poner muros o esconder a la gente pobre, lo es más llevar décadas mirando hacia otro lado, un error que parece no haber aprendido Brasil.

¿y tú que opinas sobre este tema?



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